Compañías que se esperan.
Aún no conozco tu voz pero desde lejos, ese sonido muchas veces me despierta por las mañanas y me acompaña en las noches.
Te sé vivo y latiendo, agradeciendo cada resplandor, cada hoja que al llegar el otoño se construye de nuevos colores, te veo con tus pies descalzos sobre el pasto, respirando profundo, cerrando los ojos y dejandote llenar de ese pequeño haz de luz que si bien no te saca el frío inunda tus entrañas de existencia.
A veces te veo quebrado por el dolor ante tanta injusticia y al instante arremetiendo con toda tu fuerza a toda persona o hecho que impida que cada ser humano tenga la dignidad, los derechos, el respeto y el amor que todos merecemos.
Te veo sentado en un sillón, con tus pies posados sobre esa mesita de madera que lijaste y barnizaste con tanta dedicación como si fuera tu gran obra de arte, acompañado de tu mate, con el termo pensadamente cubierto de pegotines donde el que resalta es el que dice Nunca Más.
Te sé despertar y al instante estar caminando hacia tu cocina para poner a calentar agua mientras al mismo momento pones play dejando sonar a Cabrera mientras te duchas para comenzar a escribir tu día.
Otras veces te veo escribiendo en tu escritorio con esa luz tenue pero cálida que tanto te gusta mientras respiras el incienso que antes de arrancar encendiste, buscas sacar hacia afuera todas esas miradas críticas o reflexiones que la vida día a día te estampa, también sentimientos que por miedo o por no saber como la palabra hablada no te permitió decir.
Al llegar la noche, es clara tu imágen, con una copa de vino casi siamesa a ti y pese al frío cruel de un otoño mellizo del invierno, estas acomodando la leña en la parrilla para preparar un asado en donde no pueden faltar las verduras crujientes por esas brasas tan cálidas encendidas por ti.
Mientras, te veo esperando que todo esté pronto, acompañado de una guitarra, intentando sacar de oido alguna canción de Cerati mientras me pensas aunque no me conozcas aún.
Ya la carne está pronta pero antes sin dudarlo, separas varios pedazos cortados delicadamente para ponérselos en sus platos a esos compañeros de ruta, más honestos que muchos seres humanos en la vuelta. No me importa si es uno, dos, tres o muchos, que lo elijas para tu compañía ya hace que sea una imágen perfecta.
Te veo acostándote y cerrando tus ojos, pleno y saciado de vivir, de vivir tu vida como se debería, intentando siempre como dice el Che hacer la revolución sin olvidar la ternura jamás.
Y bueno, aún nos conocemos pero sé que existís y te espero, tal vez demoremos en encontrarnos una o dos vidas, la incertidumbre es parte de la existencia, pero saberte vivo ya hace que mi camino tome sentido y resalta constantemente en mi que no tranzo por menos que eso, por menos que vos.
A veces te veo quebrado por el dolor ante tanta injusticia y al instante arremetiendo con toda tu fuerza a toda persona o hecho que impida que cada ser humano tenga la dignidad, los derechos, el respeto y el amor que todos merecemos.
Te veo sentado en un sillón, con tus pies posados sobre esa mesita de madera que lijaste y barnizaste con tanta dedicación como si fuera tu gran obra de arte, acompañado de tu mate, con el termo pensadamente cubierto de pegotines donde el que resalta es el que dice Nunca Más.
Te sé despertar y al instante estar caminando hacia tu cocina para poner a calentar agua mientras al mismo momento pones play dejando sonar a Cabrera mientras te duchas para comenzar a escribir tu día.
Otras veces te veo escribiendo en tu escritorio con esa luz tenue pero cálida que tanto te gusta mientras respiras el incienso que antes de arrancar encendiste, buscas sacar hacia afuera todas esas miradas críticas o reflexiones que la vida día a día te estampa, también sentimientos que por miedo o por no saber como la palabra hablada no te permitió decir.
Al llegar la noche, es clara tu imágen, con una copa de vino casi siamesa a ti y pese al frío cruel de un otoño mellizo del invierno, estas acomodando la leña en la parrilla para preparar un asado en donde no pueden faltar las verduras crujientes por esas brasas tan cálidas encendidas por ti.
Mientras, te veo esperando que todo esté pronto, acompañado de una guitarra, intentando sacar de oido alguna canción de Cerati mientras me pensas aunque no me conozcas aún.
Ya la carne está pronta pero antes sin dudarlo, separas varios pedazos cortados delicadamente para ponérselos en sus platos a esos compañeros de ruta, más honestos que muchos seres humanos en la vuelta. No me importa si es uno, dos, tres o muchos, que lo elijas para tu compañía ya hace que sea una imágen perfecta.
Te veo acostándote y cerrando tus ojos, pleno y saciado de vivir, de vivir tu vida como se debería, intentando siempre como dice el Che hacer la revolución sin olvidar la ternura jamás.
Y bueno, aún nos conocemos pero sé que existís y te espero, tal vez demoremos en encontrarnos una o dos vidas, la incertidumbre es parte de la existencia, pero saberte vivo ya hace que mi camino tome sentido y resalta constantemente en mi que no tranzo por menos que eso, por menos que vos.
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